viernes, 15 de enero de 2010

Tanta hierba buena...

Uno va al mercado, donde todo se agita, donde todo se compra y se vende, donde se pelean los precios, donde se consigue aquello que se perdio hace años y todo tiene un precio, siempre relativo, donde parece que la vertiginosidad va a volver a ganarte una vez más, y resulta que no... Resulta que esa agitación es otra cosa, es entrar y ver que es lo que se necesita, lo que realmente se necesita, es una agitación distinta a cualquier otra cosa...
Resulta que aca las horas son otra cosa, son más largas, o más cortas, y los desayunos se transforman en almuerzos o cenas tardías... el alcohol ronda toda las horas, y siempre hay tiempo para un traguito o para parar a tomar un tinto, donde y como sea, de parados nomas... No estan ni el choripán, ni la milanga, pero estan las empanadas, los bocadillos de arequipe, las arepas rellenas con desmechados a la orden del día...
Y yo me encuentro acá, siendo colombiana porque toca serlo, porque uno es del lugar en donde esta, extrañada mas que extrañando, aprendiendo, sumandome a la vertiginosidad de un tiempo sin tiempo, donde no existen los muertos, un macondo reinventado por mi, donde todo vive y respira y tiembla en cada latido, y no existen los muertos porque alli se quedan los muertos, en el cementerio, sin posibilidades de salir...
Aca estoy, una vez más... Quiza en el momento más mio de toda mi vida, con una cabeza despejada de tanta realidad cotidiana que se transforma en otra cosa, sabiendo que a cada minuto se reescribe la historia y que tengo el lapiz en la mano, dispuesto a escribir lo que quiero leer, lo que quiero vivir...
El mundo se abre por ahí nomas, a un paso nomas... Y que extenso es el mundo, de cualquier lado, de aca o de alla...

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