viernes, 18 de diciembre de 2009


Sigo tirando del ovillo, aunque muchas veces no sé si estoy saliendo o entrando al laberinto. Qué más quisiera que encontrarme con el minotauro, aguardando entre esas paredes blancas que lo rodean, tan ocupado en tocar sus instrumentos, en vagar, errar sin rumbo. ¿Y quién seré yo? Gracias a esta cabeza que me permite saltar de personaje en personaje. Que me permite ponerme en la piel de cada uno de ellos. Sin ser Teseo, tan deseoso de acabar con un amor que no conoce de límites espaciales ni temporales, que no puede ver en el laberinto más que un laberinto. Que no puede ver que ese ovillo no es dado para él. Aunque ese ovillo no cumpla su objetivo primordial, como me gusta que se desahaga en mis manos.